Había rodado varios documentales, y tras regresar a Barcelona después de unos años me di cuenta que en mi círculo de amistades se encontraban mujeres con una sensibilidad tal, que no me bastaba con mirar su obra, siempre quería más.
Como iba siempre con la cámara a cuentas porque estaba rodando mi primer largometraje documental sobre una mujer, Nathalie Archer, pensé que quería seguir hablando sobre historias de mujeres pero que pudieran estar al alcance de todos, a nivel de fácil producción.
Un proyecto que pudiera realizar, grabar y montar yo misma. Algo cercano y sin pretensiones.
Entonces busqué a Pnitas a la que admiraba mucho y después vino Alba Casares, que me la presentó otra amiga mía actriz y madrina de este proyecto, Alba Yañez. A partir de ella también contacté con Carlota y con Paula Bonet.
Todas son mujeres a las que admiro por como son y también por lo que hacen, pero en todas hay un denominador común y es la humildad y la sensibilidad que tienen a la hora de crear.